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A mediados de los años 90´s se llegó al límite de extracción de organismos por pesca de captura, a partir de esa fecha, la acuicultura ha tenido un gran desarrollo para compensar la demanda de estos productos a nivel mundial. No sólo por el crecimiento de la población, sino también por el consumo per cápita que pasó de 9.0 Kg en 1960 a 20.5 Kg en 2018 (FAO, 2020). Este aumento en la producción en acuicultura, significó un gran aumento en el número de hectáreas sembradas, pero también en la densidad de los organismos. El aumento se produjo principalmente a partir de la cría de salmón, camarón y el cultivo de varias especies de agua dulce como la tilapia y la carpa. En el caso de los dos primeros productos, el aumento de la producción se asoció con la intensificación de las actividades acuícolas, tanto en términos de número de sitios de producción como de aumento de las densidades de cultivo. La mala planificación, entre otras cuestiones, ha sido responsable de graves crisis debido a la severa ocurrencia de enfermedades como el síndrome de mortalidad temprana (EMS), la bacteria de la necrosis del hepatopáncreas (NHPB) y la anemia infecciosa del salmón (ISA) en el salmón del Atlántico (Salmo salar) (FAO, 2018), en tilapia se han asociado tanto bacterias Gram (-) como Gram (+) con enfermedades de la tilapia, entre las que destacan las siguientes bacterias: Aeromonas hydrophila, Aeromonas schubertii, Aeromonas sobria, Aeromonas salmonicida, Pseudomonas spp, Vibrio vulnificus, Vibrio harveyi, Vibrio mimicus y Vibrio parahaemolyticus, Streptococcus iniae, Streptococcus difficile Staphylococcus epidermidis, Mycobacterium marinum, Mycobacterium fortuitum y Mycobacterium chelonae, Edwarsiella tarda, Flexibacter columnaris (El-Sayed, 2006; SENASICA, 2018). Francisella sp., Piscirickettsia salmonis y Plesiomonas shiguelloides (Quesada, Paschoal and Reyes, 2013). ¿Por qué es importante el conocimiento de la farmacología en organismos acuáticos? Por: Enrique Estrada En algunas ocasiones, las enfermedades bacterianas en peces se presentan con más de un agente patógeno, e incluso con parásitos (Rey, Iregui and Verján, 2002), lo que dificulta el diagnóstico y tratamiento. Esto deriva en la utilización de grandes cantidades de antibióticos, por ejemplo, de acuerdo con el Servicio Nacional de Pesca de Chile (SERNAPESCA), el uso de antibióticos en la industria del salmón llegó a 557 toneladas en 2015 y de 327 en 2016 (Lozano et al., 2018).

Para el control de estas enfermedades se aplican diferentes estrategias de prevención y bioseguridad, cómo la implementación de manuales y procedimientos normalizados de operación, capacitación a los trabajadores, mejoramiento de instalaciones, construcción de vados sanitarios, contar con un área de cuarentena, compra de nauplios, post larvas (PL) o reproductores libres de patógenos notificación obligatoria (SENASICA, 2003; Boyd et al., 2005; Cuellar-Anjel et al., 2010). Con un éxito moderado y aún sin proyección práctica, se han diseñado cepas con resistencia a enfermedades específicas (Cock et al., 2009), también se ha evaluado la aplicación de probióticos o nutrientes para mejorar el estado de salud del camarón para que se tenga menor probabilidad de enfermarse (Wang, Xu and Xia, 2005; Karthik, Jaffar Hussain and Muthezhilan, 2014).

Por supuesto, también, en el caso de los peces, hay muchos casos de éxito en la aplicación de vacunas contra patógenos específicos. A pesar de que las medidas de prevención señaladas se apliquen, siempre está la posibilidad de que los organismos se enfermen, por supuesto que va a ser mucho menor que si no se aplicara estas medidas. Es decir, no importan los cuidados que tengamos, en algún momento vamos a tener que lidiar con las enfermedades, y esto es parte del ciclo natural de la vida. Por lo que, en ocasiones, el profesional de sanidad que atiende estos brotes de enfermedad, tiene que echar mano de productos farmacéuticos antimicrobianos. El empleo de estos productos debe hacerse con mucho cuidado, por muchas razones, pero voy a mencionar sólo algunas de ellas. Pueden ser tóxicas para los organismos, el operador, el consumidor y/o el medio ambiente. Son caras, y si las empleamos sin un sustento técnico, es muy probable que estemos perdiendo dinero y tiempo valioso para poder actuar en contra de la enfermedad. La cinética de los principios activos, si bien se comporta similar en algunas cuestiones fisiológicas, en otras varía mucho, principalmente con los factores de variación de temperatura en el agua, la salinidad y la cantidad de iones presentes en la misma (Xu and Rogers, 1994; Olsson, 1998; Schlenk, Gollon and Griffin, 1998; Yanong et al., 2005).

La calidad de los productos no es la misma, ni la misma concentración de las sustancias activas, ni los mismos excipientes, además hay que tener en cuenta que la farmacología, cómo todas las demás ciencias, ha ido avanzando y se han diseñado medicamentos novedosos, diferentes formas de liberación, se ha estudiado cuales son las vías de administración más apropiadas, entre otras muchas cosas, y no porque nos dediquemos desde hace 30 años a la acuicultura sabemos todo, el conocimiento se va generando diariamente y nunca hay que dar nada por sentado, por lo que el profesional debe de conocer cómo se comporta cierta sustancia, cómo y dónde actúa, cómo se va a biotransformar y a eliminar del organismo. Además, tener en cuenta que las bacterias han ido desarrollando resistencia a los antimicrobianos, que poco a poco va haciendo estas sustancias menos eficaces, y que con el mal uso o abuso de las mismas estamos propiciando que este desarrollo se incremente exponencialmente. El punto al que quiero llegar es que, por estas razones, el empleo de estas sustancias debe ser bajo recomendación de profesionales de sanidad, pero no de cualquier profesional de sanidad, sino de uno que tenga los conocimientos de farmacología necesarios para tomar en cuenta estos y otros muchos factores, que entre otras cosas va a elevar la eficacia de estos tratamientos.

 

Los conocimientos mínimos que tiene que tener una persona para el empleo de estos medicamentos son de bioquímica, biología celular, fisiología, patología, bacteriología, parasitología, virología, y, por último, la farmacología, que, dentro de su campo de estudio, lo mínimo que debe de entender es la farmacocinética, la farmacodinamia, la posología, toxicidad y efectos adversos comunes que se pudieran presentar al usar los productos. Este tipo de formación es clásico en un médico veterinario, y es quién, en la mayoría de los países, tiene la facultad normativa para el empleo de medicamentos. Durante mucho tiempo, y esto en muchas partes del mundo, la actividad acuícola ha estado dominada por los biólogos, biotecnólogos en acuicultura, ingenieros acuícolas y costeros, biólogos marinos entre otras profesiones que no son médicas, sin embargo, los problemas de enfermedades han estado presentes siempre, y al tener una escasez de médicos en la actividad, estos profesionales tuvieron que dar una respuesta a los problemas de una u otra manera, no es reprochable, al contrario, lo han hecho lo mejor posible, sin embargo, y en vista del conocimiento generado en las últimas décadas, lo más recomendable es que se trate de integrar al gremio veterinario a la actividad, y mientras eso sucede, de la misma manera con la que se capacitan para el manejo de instalaciones, mejoramiento de la calidad de agua, alimentación, bioseguridad, uso de probióticos, entre otros temas, de esa misma forma se deberían de capacitar para el uso de estos productos, con una visión general de lo que es la farmacología, no se trata de decir que no son médicos y no deberían usar los productos, sino de procurar la capacitación a profesionales que se tienen que estar enfrentando a los problemas sanitarios en su día a día, si en algún momento tienen que echar mano de algún producto farmacéutico, que sea con responsabilidad y que sepan las ventajas y desventajas de los mismos, para que se promueva el uso racional y consciente de los mismos.

FUENTE: Revista Divulgacion Acuicola